La encrucijada de la dosis mínima de droga en América Latina


November 8, 2018 Noticias

an>Penalizar o despenalizar el porte y consumo de marihuana y otras sustancias consideradas ilegales es un debate que todos los países se han planteado. Colombia ha tomado un decisión polémica.

En América Latina más allá del idioma, las drogas unen a los países aún cuando cada uno ha tenido una postura distinta de acercarse a este tema. Por más que se quiera negar u ocultar, las drogas son un problema que los involucra de diferentes maneras, un dolor de cabeza del que nadie escapa aunque no siempre lo reconozcan. Unos por el cultivo, otros por el trasiego y casi todos por el incremento del consumo.

La región está en medio de posturas que van desde la criminalización del consumo, el combate frontal contra el narcotráfico y la modificación legal para iniciar  con la investigación de tratamientos médicos con la cannabis.

Con esa variedad de posturas en América Latina se dibuja un mapa donde los cultivos ilegales de marihuana están al alza. Por ejemplo, en países como Colombia donde  es recién posesionado presidente, Iván Duque, informó que a partir de un decreto cualquier persona con una dosis mínima de 20 gramos puede ser detenida; medida que contrasta con lo que en el 2017 pasó en Uruguay donde se legalizó el consumo o en Paraguay y Brasil, países donde se autorizó la investigación científica para conocer los potenciales medicinales de la cannabis.

Esto ocurre en una región donde este año los países que integran la CEPAL pidieron a la Organización de las Naciones Unidas (ONU) un cambio en la estrategia de la lucha contra el flagelo del narcotráfico.

País dividido

En campaña presidencial, el país quedó dividido ante dos posturas mientras los cultivos incrementaron al punto de que Colombia llegó a tener la mayor producción de coca en el mundo según informes de la ONU. La del candidato Gustavo Petro que proponía la regularización del consumo de la droga en contraste con lo que finalmente decretó el recién presidente, Iván Duque, la prohibición del porte del consumo mínimo.

Ambas posturas representan la forma habitual de cómo se ha abordado este tema en la región.

Ante la posición directa del actual presidente de Colombia de lo que él llama una estrategia para atender un problema de salud pública, hay quienes ven en esta medida una manera de regresar a los años de la violencia más cruda desatada por la lucha contra el narcotráfico como la que ahora vive México desde que en el 2006, el entonces presidente Felipe Calderón lanzó lo que llamó “La guerra contra el narco”  y que fue el inicio de la militarización de zonas fronterizas con Estados Unidos como Ciudad Juárez, México.

Las políticas de combate frontal al narcotráfico y la criminalización de quien produce y consume drogas aunque parece ser el único camino en la región no ha sido el único. En países como Uruguay avanzaron en otra dirección de este  laberinto  al legislar sobre el consumo de marihuana, convirtiéndose en el primero en apostarle a una política lejos de la criminalización incluso es el mismo Estado quien produce la marihuana.

Aunque la política de Uruguay sobre las drogas generó reacciones a favor, tampoco fue que la medida se hubiera replicado en otros países. En México recién con la llegada del presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, se abre la posibilidad de la despenalización de las drogas, uno de los países clave para el tema porque no solo es productor sino por ser un territorio disputado por su cercanía con Estados Unidos de Norteamérica, uno de los principales consumidores de droga en el mundo, con ciudadanos con problemas de adicciones que recibe el coletazo de un problema que va desde el cultivo de coca en Bolivia hasta la producción de opio en México.

La encrucijada de América Latina entre penalizar y legislar también está marcada por las múltiples posibilidades que da la investigación científica relacionada con las drogas, en especial la marihuana. Así como en toda la región  hay movimientos a favor del uso recreativo de la marihuana también hay familias con algún padecimiento crónico que han insistido en la necesidad de que se legalice la investigación sobre los potenciales médicos de la marihuana.

En Brasil, un país que también se enfrentó a la violencia por el narcotráfico, el apoyo a la legalización del consumo de esta sustancia llegó a reunir a miles en marchas. Sin embargo, no fue suficiente porque aún este país alcanzara leyes como la uruguaya.

Que América Latina esté sumergida en un laberinto sin una salida sencilla es que cada país alimenta un eslabón del tema de drogas. Por ejemplo, Paraguay es también uno de los principales productores de marihuana y donde aumentó la violencia entre grupos criminales. Marihuana medicinal

En 2016, en Colombia se aprobó la legislación que permite el uso de marihuana medicinal y pretendía contribuir también a avances científicos en el tema. Sin embargo, la reciente penalización hacia los consumidores recreativos, pone en duda los avances y parece más un retroceso, aunque son dos tipos de consumo diferentes.

En junio de 2018, bajo el mandato de Juan Manuel Santos, Colombia otorgó 102 licencias para plantar marihuana con fines medicinales. Las condiciones climáticas propician cultivo de cannabis en Colombia  algo que llama la atención de inversionistas extranjeros y nacionales.

Las regulaciones frente a este tema van a paso lento, pacientes con esclerosis múltiple, epilepsia y artritis pueden ser tratados y aliviados con esta planta, pero si sigue siendo ilegal (incluso la dosis mínima) también se empezará a perseguir enfermos.

El presidente Duque dice que se le está dando un tratamiento de salud pública a las personas que presentan adicción a las drogas. Sin embargo, hay quienes consideran  que el tema solo es abordado como un asunto de  orden público.

El decreto prohibicionista del Presidente colombiano se ampara precisamente en aportar a la lucha contra el narcotráfico, porque pretende disminuir a los consumidores y así golpear a los productores, pero estas medidas logran fortalecer las redes de narcotráfico porque siempre han estado acostumbrados a trabajar en la clandestinidad y conocen las reglas del juego.

Colombia no sólo se enfrenta al problema sino que lo trasladó más allá de sus fronteras al extenderse los cultivos en la frontera limítrofe con Ecuador donde han aumentado los grupos disidentes de las FARC. Este país, parece que regresa a un punto similar al que estaba antes de la firma de los Acuerdos de Paz.

La problemática de las  drogas siempre va más allá del consumo y la producción, atrae problemas que cruzan las fronteras, por lo que se vuelve un asunto de todos y es prudente tomar medidas en la región que permitan llevar una lucha organizada.

Sin un consenso en la región, el tema continuará generando debates y puntos encontrados entre los que consideran que debe darse una lucha contra  la producción de drogas y el consumo como en su momento el expresidente de Estados Unidos, Richard Nixon, tomó una posición de  combate contra drogas y que desde entonces, América Latina inició con un episodio de violencia que aún se prolonga.

Aún esos países donde se ha revertido el camino y se ha legalizado el consumo por décadas también vivieron las consecuencias de la criminalización, mientras que los países que siguen firmes en  combatir el consumo parece que no saldrán de la violencia que genera esa posición.

Unos u otros, con legislación o con posturas rígidas, terminan por confirmar que la encrucijada de América Latina seguirá por décadas con el tema de la droga porque la cadena de responsabilidades va más allá de las fronteras. Así como el idioma se comparte y cada uno tiene su acento particular, lo mismo pasa con las drogas donde el problema, más grave en algunos lugares que en otros, termina por confirmar que no hay una sola respuesta ni fórmula mágica par resolver un tema como la producción y consumo de drogas.// Página Sietez

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