Los entuertos de la cocaína


March 27, 2018 Noticias

problema del narcotráfico va a tener que ser enfrentado por el nuevo gobierno que llegue a la Casa de Nariño. Este fenómeno tuvo sus inicios en la segunda mitad del siglo XX y ha avanzado de manera vertiginosa hasta convertirse en un asunto global debido a las nefastas consecuencias que produce tanto para los países productores como para los consumidores. Las políticas de los Estados frente a este flagelo han girado en torno a la prohibición, se vienen desplegando estrategias militares y policivas sin ningún tipo de resultados significativos. Los narcotraficantes aumentan, el mercado no se detiene.

Esta droga, consumida en grandes cantidades por miles de ciudadanos contemporáneos, se fabrica en las selvas y zonas rurales de varios países de América Latina. La cadena comienza con el cultivo de la hoja de coca por parte de campesinos pobres que venden la materia prima a precios ínfimos; luego la planta es llevada a los laboratorios donde, con la ayuda varios químicos, se prepara la pasta de coca y ahí comienza su distribución a lugares especializados en la preparación del producto final; Queda lista la cocaína para su distribución local y hacia el exterior. En los países del primer mundo su precio aumenta de manera exorbitante y las ganancias son significativas. La mayor parte de la cadena del narcotráfico está compuesta por personas pobres que buscan la manera de ganarse un poco de dinero para sobrevivir.

Generalmente las zonas cocaleras en países como Perú, Colombia o Bolivia tienen como característica el abandono de las instituciones del Estado. La policía o el ejército son los únicos representantes institucionales que llegan por oleadas a estos territorios y lo hacen cuando desde los centros de poder presionan por resultados en la lucha contra el narcotráfico. Además, este flagelo ha permeado al Estado, provocando que la lucha en su contra se convierta en un saludo a la bandera.

Como se puede visualizar en esa cadena de la cocaína, la mayoría de quienes participan ahí son los pobres y los excluidos; es contra estos que se ensañan los sistemas punitivos de los Estados productores de cocaína. En este sentido la pelea es estéril pues si no se ofrecen oportunidades de desarrollo real en las zonas rurales y periféricas, el narcotráfico va a ser lo único que deje algo de dinero para comer. Mientras tanto, los grandes narcotraficantes siguen en la clandestinidad disfrutando de los dividendos del negocio y, quizá, dirigiendo los Estados que diseñan políticas para acabar este flagelo.// La Nación

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